Arranco por el dato, aunque no es lo que más me importa. Considérenlo simplemente la percha de arranque de esta nota, que presumo larga: ayer fui objeto de un plagio por parte de ElMundo.es. Un plagio grosero, evidente y, además, innecesario. Un señor plagio, vamos.

Quien lo hizo ni siquiera se molestó en maquillarlo mínimamente; al menos no hasta que lo denuncié en mi Twitter y numerosos internautas se hicieron eco del asunto (¡gracias!). En ese momento, se ve que la denuncia llegó a la redacción de ElMundo.es y trataron de tapar el asunto como fuera. Tarde.

Hablando de plagios, éste que denuncia y refiere en sus pormenores el plagiado, mi amigo y colega Ramón Salaverría, es digno de ser conocido. Sobre todo, por el intento de camuflaje tan burdo como consciente por parte del periódico...