Casi con independencia de lo que está en juego (que no es poco) en la conversación entre la periodista que pregunta y el ahora presidente de turno de la Unión Europea, resulta sorprendente que éste, tras un insulto tan aparentemente "soft" como fuera de lugar a quien pregunta, se dedique a poner en escena diversos juegos de palabras sofísticos, con tal de no contestar a la sencilla y clara pregunta que ha recibido.