Esto publica Carlos Dávila en La Gaceta: que demasiados políticos cometen "la tropelía de confundir a los periodistas con recaderos". Y se niega a asumie ese papel, que -desde luego- no le corresponde. Por desgracia, esta es una manera patológica y no tan infrecuente de entender la realidad profesional del periodismo. Los políticos y otras gentes -no pocos de ellos inteligentes y conscientes y defensores de los derechos y deberes de las profesiones y de la ciudadanía en ambiente democráticos- a veces piensan que los periodistas son recaderos: más o menos caros, más o menos útiles, más o menos serviles, más o menos fiables. Pues bien, parece que eso es estrictamente lo que Carlos Dávila, con razón, niega.
¿Tanto hablar de la "comunicación 2.0" y resulta que se niegan las preguntas en las ruedas de prensa? Patológico y ridículo sinsentido de quienes suelen hablar de los beneficios del diálogo, y del contraste de opiniones, y de dejar claro lo que se opina, se afirma o niega, así como las razones que tiene para hacerlo.
Bien por la propuesta de acción y el ejemplo profesional de Carlos Dávila. Está en juego una verdad y la realidad de un hacer profesional, que así son, lo diga Agamenón o su porquero... Aunque -dado el enrarecido ambiente en que se mueve- es más que posible que le cueste un disgusto.
En La Gaceta lo venimos avisando durante toda la semana: nuestros periodistas preguntarán en las ruedas de Prensa aunque los protagonistas de ellas no admitan preguntas. Y esto va para todos: igual para el PSOE, Zapatero y su Gobierno, que para el Partido Popular, que también ha cometido la tropelía de confundir a los periodistas con recaderos.
